Ejercicios para construir un territorio

Fernanda del Barrio
28 MAYO '26 - 22 AGO '26

Gracias al destierro, conocimos la tierra.

–María Zambrano

Adentrarse en las obras de la artista mexicana Fernanda del Barrio precisa de detenerse –suave y lentamente– para no rayar la porcelana de su soledad, así como rogaba el gran poeta persa Sohrab Sepehrí. Las obras reunidas en esta muestra nos invitan a las reflexiones de la artista, gestadas a lo largo de los últimos años, en torno a las nociones de arraigo, permanencia y pertenencia. Desde la comprensión que solo la distancia habitada ofrece, su propio desplazamiento y su nueva vida a un océano de separación de su tierra natal, le sirven para cuestionar la noción de hogar como estructura segura y estable vinculada a una geografía afectiva, y explorar desde la ausencia otras formas –poéticas– de construir un territorio.

 

El gesto esencial, afirma Josep María Esquirol, se puede nombrar con el verbo amparar. La casa es la expresión más emblemática del amparar y del cubrir para proteger, recuerda el filósofo. En su práctica artística, Del Barrio cuestiona la concepción de la casa como edificación física y perdurable para pensarla en términos existenciales. ¿Cuáles serían las acciones y rituales que los cuerpos anhelan para sentirse al amparo una vez desplazados de la tierra materna? A lo largo de los años, Del Barrio se fotografía en acciones y gestos performativos donde el movimiento de su cuerpo configura espacios que se asoman a priori imposibles: procesos de construcción abiertos e inconclusos, que sin embargo fundan, aunque sea por instantes, lugares de protección para un cuerpo que desea reclinarse sin alerta y detenerse, sencillamente a descansar, en la amabilidad de un refugio.

Del Barrio imagina, con una tierna obstinación, modos de ampararse ante la intemperie. En relación con su entorno natural y urbano, construye configuraciones espaciales efímeras donde sitúa su cuerpo como centro y ancla de frágiles conjuntos, siempre a punto de desvanecerse: apila fragmentos, delimita rincones, levanta refugios, sabiendo del inminente derrumbe y, a pesar de ello, persiste en crear concavidades que acogen y resguardan. Del Barrio se inclina hacia gestos sencillos, cotidianos que nos son familiares; en ocasiones, parece inmersa en puro juego que se abandona sin concluir. Acciones tan cargadas de poesía que son pregunta y, también, consuelo.

En Ejercicios para construir un territorio, nombre que da a este conjunto de obras, ensaya con una radical austeridad gestos mínimos que remiten a la esencia de su impulso: la comprensión del cobijo desde el hacer. El ejercicio implica una tarea fragmentaria, intención y aprendizaje. Aprehender un conocimiento precisa de rituales de repetición y perseverancia, y en su práctica ese saber vivencial y sintiente se gesta a base de insistir incansablemente en la posibilidad de la reconstrucción.

En el carácter delicado de cada propuesta espacial, así como en su sutil registro fotográfico, se afirma una creadora que trabaja sin alterar ni invadir el entorno. En sintonía con otras prácticas feministas que en décadas pasadas intervinieron en la naturaleza mediante acciones performativas, no hay en su gesto voluntad de ocupación ni de apropiarse del espacio. Su propuesta, desde una sensibilidad decolonial, rehúye reproducir lógicas de imposición y dominio, y despliega, en cambio, una intimidad que transforma la rigidez de ángulos y aristas asociadas a la construcción en formas gentiles. La curvatura del ángulo, recuerda Josep María Esquirol, es feminidad.

El destierro en la práctica de Del Barrio no tiende hacia una caída. En su obra repara, reconstruye, evoca futuros. En sus acciones habita poéticamente cada fragmento de tierra por medio de su cuerpo presente. El cuerpo es hospitalidad, recepción y escucha, ella lo sabe. Así, cada uno de sus ejercicios funda un presente abierto. En su horizonte anhela y añora las maneras de ese cobijo familiar –ahora lejano–, pero no se detiene en la nostalgia. En su lugar, la ausencia se ofrece como apertura y el vacío que desgarra deviene potencia generadora. Y desde ahí, se desplaza con una claridad diáfana, dejándose afectar por el mundo, sin aferrarse, y con la misma delicadeza nos convoca.

Shirin Salehi

VISTAS DE LA EXPOSICIÓN

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